Es el rey de América. Sobre él se escribieron mitos y leyendas. Su majestuosidad e imponencia felina causaron celos entre los mortales que creyeron que al despojarlo de su piel ganarían su fuerza y belleza. El avance de la civilización se convirtió en su peor enemigo: deforestaciones descontroladas, reducción del hábitat y de sus presas naturales lo echaron de su tierra hasta dejarlo confinado a un sector al que aún no llegó el cemento. Hoy, las balas constantes reducen más su espacio y posibilidad de supervivencia. El resultado es estremecedor: quedan apenas 250 yaguaretés (o menos) y no está claro si los proyectos que buscan protegerlo serán efectivos. Es la especie que jurídicamente está más protegida, sin embargo, nada impidió su situación crítica. ¿Por qué el emblema argentino podría desaparecer?

“En los últimos dos siglos la especie ha mostrado un nivel de retracción importante”, dijo  Diego Moreno, secretario de Política Ambiental del Ministerio de Ambiente. “De hecho se calcula que hoy está presente sólo en el 5% de su área de distribución original en Argentina. Esto no es un evento reciente: en los primeros desembarcos, los colonizadores españoles sufrieron ataques de los yaguaretés porque eran una especie predominante en la zona, pero hoy la tenemos solamente en unas pocas localidades en el norte del país: en la mitad norte de Misiones, algunos lugares del oeste del Chaco, sur de Formosa, probablemente norte de Santiago del Estero —es una población complicada en estos momentos— y en la zona de las yungas en Salta y Jujuy”, detalló.